Lo que Hollande no debería olvidar en el Vaticano

El combate por los valores ha llegado al punto de afectar a una cuestión tan esencial como el derecho al aborto, que hasta ahora había sido objeto de consenso entre la izquierda y la derecha republicanas [en Francia].

No fue la derecha republicana, sino la derecha pétainista, la que desfiló el domingo pasado [el 19 de enero por París]. Una concentración que congregó entre 16.000 y 40.000 manifestantes contra el aborto y la eutanasia. Estaban los habituales: las redes integristas, realistas [por la restauración de la Monarquía en Francia], el Frente Nacional tendencia católica, representado por Bruno Gollnisch, y por supuesto Christine Boutin [presidenta del Partido Cristiano-Demócrata] y sus redes de Alliance Vita.

El combate por los valores ha llegado al punto de afectar a una cuestión tan esencial como el derecho al aborto, que hasta ahora había sido objeto de consenso entre la izquierda y la derecha republicanas [en Francia].

No fue la derecha republicana, sino la derecha pétainista, la que desfiló el domingo pasado [el 19 de enero por París]. Una concentración que congregó entre 16.000 y 40.000 manifestantes contra el aborto y la eutanasia. Estaban los habituales: las redes integristas, realistas [por la restauración de la Monarquía en Francia], el Frente Nacional tendencia católica, representado por Bruno Gollnisch, y por supuesto Christine Boutin [presidenta del Partido Cristiano-Demócrata] y sus redes de Alliance Vita.

Jacques Bompard, que se sitúa en la derecha del Frente Nacional, va incluso más allá. Ha planteado una enmienda que exige privar de su nacionalidad a « toda persona culpable de haber contraído un matrimonio forzado », es decir, tanto al verdugo como a su víctima; algo que incitará a las mujeres atrapadas en un matrimonio a la fuerza a seguir casadas, por miedo a perder su nacionalidad… el mismo diputado pretende penalizar a aquellos que inciten a una mujer a practicar una IVE, que califica de « infanticidio prenatal » en la motivación de su enmienda. Todo ello, en nombre de la « dignidad de la mujer », por supuesto.

Estas enmiendas no tienen, por supuesto, ninguna posibilidad de ser aprobadas. En cambio, la presión se ha intensificado en las vísperas de la visita del Presidente de la República al Vaticano [que se produjo el pasado 24 de enero].

Una petición solicita al Papa que denuncie lo que califica de « atentados mayores contra los derechos fundamentales de la persona humana ». Algo que incluye tanto el « matrimonio para todos », que ha sido recientemente aprobado, como la reproducción asistida [procréation médicalement assistée, PMA] y la gestación subrogada[géstation pour autrui, GPA], que no lo han sido; la investigación con embriones y lo que denominan « gender », es decir la noción de que los conceptos de masculinidad y feminidad están influidos por construcciones culturales… Una gran confusión que ha recogido 85.000 firmas.

Uno podría sonreírse si François Hollande no hubiera dado un paso en su dirección, la de los católicos conservadores, la semana pasada [del 13 al 19 de enero], durante una conferencia de prensa de alto riesgo [del 14 de enero], al meter en el mismo saco actos anti-judíos como las declaraciones negacionistas, incitadoras de odio, de Dieudonné; actos anti-musulmanes como los insultos racistas inscritos en las paredes de las mezquitas y actos anti-cristianos… En este último caso, habría podido citar ejemplos de vandalismo -algo en lo que todo el mundo habría estado de acuerdo-, pero no; se refirió a la irrupción de una FEMEN en la iglesia de la Madeleine: una acción de protesta contra las presiones de la Iglesia católica contra el derecho al aborto, calificada [por Hollande] de « exhibición que hiere la conciencia de los creyentes ». Lo que equivale a poner en el mismo plano declaraciones efectivamente racistas y una acción blasfema. Huelga decir que esto no presagia nada bueno en vísperas de su visita al Vaticano.

Una de dos. O bien Hollande escoge efectivamente separar lo privado de lo político, y hará en esta ocasión un discurso correspondiente a un jefe de Estado que se dirige a otro jefe de Estado. En este caso, debería asumir valores como el « matrimonio para todos », la igualdad entre hombres y mujeres y el derecho al aborto… Debería mencionar también el peligro que pesa sobre el derecho al aborto en España a causa de la Iglesia católica.

O bien el presidente Hollande va con perfil bajo y dará la impresión de ir para hacerse perdonar una falta, casi un pecado; lo que le impedirá marcar la diferencia con el discurso de su predecesor: el famoso Discurso de Letran, en el que Nicolas Sarkozy sorprendió al predicar la « laicidad positiva » y proclamar la superioridad del pastor sobre el maestro…

Sería una verdadera ocasión perdida. Por eso, François Hollande debe escoger a quién se quiere dirigir: ¿a los feministas, a los laicos o a los católicos conservadores? Desgraciadamente para él, en este asunto, la síntesis es difícilmente posible.

Caroline Fourest

Ensayista, feminista y periodista. Diplomada en Historia y Sociología en el EHESS y en Ciencias Políticas, es titular de un DESS en comunicación política obtenido en la Sorbona (Francia). Redactora jefa de la revista ‘Prochoix’ y colaboradora en diversos medios en Francia.

[Artículo traducido por Juan Antonio Cordero Fuertes, publicado en la versión francesa de The Huffington Post y reproducido en CRÓNICA GLOBAL con autorización]

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