¿Guerras justas?

¿Qué es una guerra “justa”? Cada generación, o casi, cree que puede ahorrarse esa pregunta, pero al final acaba teniéndosela que plantear. Michael Walzer, en particular, ha reflexionado sobre ella con motivo de la primera guerra del Golfo. Según él, “las guerras justas son guerras limitadas, llevadas a cabo conforme a un conjunto de reglas orientadas a eliminar, en la medida de lo posible, el uso de la fuerza y la coerción contra las poblaciones civiles no combatientes”. Deben ser consideradas como último recurso posible, de forma proporcionada, y con vistas a desarmar a un agresor y de restablecer la paz, de acuerdo con los deseos de la sociedad civil, y sin usurpar el derecho a la soberanía una vez cumplida la misión.

 

Más recientemente, Hubert Védrine nos recordaba que, bajo el mandato de Kofi Annan, la ONU había querido salir del dilema infernal del “derecho a la injerencia” para centrarse en un “derecho a proteger” mejor definido. La guerra de Irak estuvo a punto de hacer añicos la noción de “comunidad internacional”. La intervención en Libia, que fue consensuada in extremis, consiguió relanzarla. Hicieron falta circunstancias excepcionales: un tirano que amenazaba con “ríos de sangre” y un pueblo en marcha que reclamaba una “zona de exclusión aérea”, costosa pero posible de instaurar. La prueba es que, independientemente del resultado de este pulso, la ONU puede estar orgullosa de haber evitado una masacre anunciada, y haber evitado una sensación de impunidad que habría parado en seco las primaveras democráticas. Pero insistimos: se trataba de circunstancias excepcionales, históricas en la medida en que suponían un efecto dominó de gran alcance.

 

Es bastante más delicado querer armar a los rebeldes libios, con el riesgo que supone de ver a ciertos combatientes volver en un momento dado sus armas contra aquellos que vinieron a ayudarlos… incluso aunque no ya no estemos en Afganistán, en los tiempos de la guerra contra los soviéticos. En aquella época, los Estados Unidos armaban a yihadistas para que derrotaran a la URSS. Hoy, el hecho de ayudar al pueblo libio a derrocar a su tirano devaluará, sin apagarlo, el riesgo de yihad en el “día después”.

 

Visto desde Libia, el Once de Septiembre queda lejos. Las demandas de AQMI (Al-Qaeda en el Magreb Islámico) sobre los rehenes de Níger, ¿acaso no aparecen como lo que son? Una extorsión mafiosa e interesada, no política. Es uno de los avances de la era que empieza. ¿Hay que desear por ello que las intervenciones se multipliquen hasta el infinito, y que Francia o los Estados Unidos se encuentren implicados en mil terrenos a la vez? ¿Muy pronto sin mandato de la ONU, porque el consenso no aguantará? Será asumir el riesgo de regresar a la configuración de la guerra de Irak y la propaganda pos-11S que va con ella.

 

Sin llegar hasta ese punto, ¿acaso nos podemos abstener de votar sanciones contra Siria? Eso daría la impresión de estar aplicando dos varas de medir. Una acusación que se suele formular para denunciar el imperialismo, pero que muchas veces sirve para proteger una dictadura. En ese contexto, ¿dónde se acaba el universalismo y dónde empieza el imperialismo?

Nuevo caso de conciencia, que todavía no ha terminado de enfrentarnos, según se examine el principio de intervención con el prisma “más bien anticolonial” o con el prisma “más bien antitotalitario”. Los dos pueden ser pertinentes, por supuesto. Pero cuando se trata de decidir si un vaso está medio vacío o medio lleno, es la primera referencia la que cuenta. Los que se identifican con los pueblos liberados del nazismo por una intervención armada verán el vaso medio lleno con más facilidad. Los que se identifican con los pueblos arrasados por las tropas coloniales tendrán tendencia a ver el vaso medio vacío. Entre unos y otros, la primavera democrática ha barajado de nuevo y exige que se le mire a la cara. Y no sólo con la mirada del pasado.

 

Caroline Fourest es profesora en el Instituto de Ciencias Políticas de París, Sciences-Po París, y redactora jefe de la revista feminista Pro-Choix

Reproducido en español con autorización de la autora.

Traducción de Juan Antonio Cordero Fuertes]

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